Fotografiando a Nemo

Categoría pecesLos peces no posan. Su propia naturaleza huidiza y la inercia marina dificultan la captura de instantáneas bajo la superficie. Por eso, cuando el ‘click’ de la cámara suena a tiempo, el resultado suele ser muy satisfactorio, como se puede comprobar estos días, hasta el 18 de marzo, en la Casa de las Ciencias de Logroño.

Algunos miembros del Club Riojano de Actividades Subacuáticas exponen en clave fotográfica la crónica de sus viajes a El Hierro, el Mediterráneo, el Mar Rojo, las Malvinas, Filipinas, Indonesia o al Pozo Azul, en Burgos. En el fondo del mar, silencioso y relajante -según describen los que lo han conocido-, una imagen sí vale más que mil palabras.

«Desde hace seis años organizamos un concurso de fotos entre los miembros del club (más de 150) y ahora hemos hecho una selección de cincuenta», explica Carmen Calzada, presidenta del colectivo creado hace quince años. «Los peces no están quietos y nosotros tampoco, a no ser que encontremos algún sitio donde agarrarnos levemente, cosa que no suele ocurrir. Para hacer estas fotos hay que tener, sobre todo, paciencia», recomienda.

Además, transportar una cámara incrementa la carga, ya de por sí elevada y aparatosa, que soportan los buceadores. «Para que las instantáneas sean buenas, es importante que el agua esté limpia, claro. Además, cuanto mayor sea la profundidad, menores serán los colores. La profundidad ideal oscila entre los cinco y los diez metros», opina Calzada.

Según su parecer, el Mar Rojo es un marco ideal para inmortalizar a la fauna marina. «Es muy fácil hacer fotos porque sus aguas son muy claras y hay muchos peces. Por el contrario, el Cantábrico, por ejemplo, tiene menos claridad, por lo que dificulta más el trabajo», compara.

Monstruos marinos

El fondo del mar encierra muchas sorpresas, aunque no todas agradables. El cine y la televisión contribuyen a veces a la creación de falsas percepciones. «El pez payaso -cuya fama internacional se propagó gracias a la película de animación ‘Buscando a Nemo’- es fácil de fotografiar, pero no es nada amistoso», dice Calzada.

Su aspecto, no obstante, le confiere simpatía; pero engaña. Algunos habitantes marinos provocan respeto (y miedo) sólo con su apariencia. «El pez diablo espinoso es difícil de ver. De hecho, cuando le fotografiaron, no sabían qué especie era. Tuvieron que documentarse para ponerle nombre», revela. A otros sería mejor evitarlos. «El pez piedra es mortal, no hay cura», previene.

El atractivo de estas expediciones no debe enmascarar sus riesgos. Los que afronta el ser humano bajo el agua son los propios de alguien fuera de su medio natural. La espeleología complica aún más las situaciones. «Son palabras mayores. Meterse en una cueva es más peligroso y sólo debe hacerse por profesionales», señala en referencia a las instantáneas del Pozo Azul, en Burgos.

Junto a la gran variedad de peces (escorpión, luna, murciélago, sapo, gato…), la sepia, el caballito de mar, la langosta, el cabracho o el ermitaño, «se echan en falta los tiburones o las tortugas», por lo que «habrá segunda parte», promete la presidenta del Club de Actividades Subacuáticas.

Fuente: El Correo Digital

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