El gato que se volvió vegetariano

Categoría gatosI Concurso de cuento corto – Tu cuento vale (www.tribunalatina.com)

Autor: Alfredo Baldovino, alias «RAZUMIKIN»
Edad: 30
País: COLOMBIA

El gato se prepara para ofrecer sus razones a la nutrida asamblea. Ha terminado de mondar el hueso de una manzana y de empinarse media botella de leche de soya para aclarar la voz. La audiencia de mininos aguarda ansiosa sobre el tejado.

>>Ocurrió hace una semana –comienza el gato narrador-. En mi historia aparecen un Gato y un ratón. Acomódense.

>> Al principio todo era borroso a través de los ojos del pequeño ladrón de queso. Pronto se aclaró el paisaje y vio la línea de la pared, las patas de la silla de comedor, el piso ajedrezado. El Gato lo llevaba de la cola, con los colmillos, hasta el centro de la cocina. Lo soltó y retrocedió muy lentamente para acurrucarse a la distancia con falsa despreocupación, esperando que el ratón volviera a huir para reiniciar la carrera. Aunque esta vez iba a ocurrir algo imprevisto. Puede apostarse<<.

Los gatos del tejado escuchan en silencio. Uno que otro se recuesta cuan largo es, mirando al gato narrador. Los más bostezan y se acicalan. El gato narrador saca una barra de ajonjolí y la mastica sin prisa. Se relame y continúa:

>>El ratón estaba un poco mareado y quería estudiar sus posibilidades antes de emprender la huida. Una y otra vez lo había intentado sin suerte. Poco a poco su vista se fue desempañando hasta que se sintió listo para huir. Ovillado a unos metros de su víctima, con aire distraído, el Gato aguardaba. Parecía invitar al ratón a que se animara o a que se diera por vencido ante el mejor, o sea él: SUPERGATO.

>>Pero el ratón se tenía confianza. Como a la señal de un disparo, corre. Esta vez redobla el esfuerzo, contorneando las patas de las sillas de comedor y rozando la línea de la pared, y pensando que en realidad es muy poco lo que le falta para estar a salvo. Realmente muy poco. Voy a lograrlo, piensa; lo voy a hacer.

>>Ha pecado de imprudente por franquear una zona de la casa que sabía del dominio del Gato, pero jura trastearse a una cloaca, si es preciso, lo más pronto posible, si sale ileso de este apuro <<.

Desde lo más íntimo de sus corazones, algunos gatos del tejado se compadecen de la situación del ratón y desean que sea absuelto. No entienden por qué el Gato persecutor no puede hacerse el de la vista gorda, y dejar que el ratón escape y aprenda cuál es su puesto dentro de la escala. Se avergüenzan enseguida, cuando descubren el papel de traidores que han estado cumpliendo: el prestigio de la raza está primero.

>>El orgullo del Gato persecutor está en peligro: qué dirán mis amigos si se enteran, necio, lo dejaste ir, no eres tan rápido, ¿Tienes el coraje de llamarte a ti mismo un gato? No nos hagas reír; necio. Piensa<<.

Los gatos del tejado asienten sin perder una coma: un gato es todos los gatos.

>>Cerca del ratón está su escondite, redondo, diminuto, lleno de chillidos alarmados y de ojos rojos que lo alientan a seguir adelante, a vencer sobre si mismo, sobre el temor y la duda y la desesperanza. A un paso suyo está un invisible tapete de ‘bienvenido al casa’, que él se dispone a pisar, crédulo y ansioso, cuando una pata de largas uñas le corta bruscamente el avance, lo levanta por la cola, y vuelta a empezar.

Una silenciosa ovación se escucha sobre el tejado. No podía ser de otro modo, piensa el público. El gato narrador exige silencio:

>>Llevándolo ahora entre las mandíbulas un tanto flojas –prosigue-, hace el Gato persecutor el camino de vuelta –la línea de la pared, las patas de la silla de comedor, el piso ajedrezado de la cocina- y lo deja caer al suelo. Ahora le cede un terreno doblemente generoso, pega el cuerpo a las baldosas, bosteza, apoya la mandíbula sobre sus dos patas delanteras y se hace el dormido.

>> El ratón está de pie, confuso pero decidido a escabullirse, sin atinar aún a ensayar el más ligero movimiento, y sin dejar de darse ánimos: No debo rendirme, un poco más de fe y de oxigeno en los pulmones y podré hacerlo<<.

Los gatos del tejado han llegado al límite del suspenso. Dan la impresión de no respirar. Los más distraídos se han acomodado para escuchar mejor. Lo impensable está por ocurrir, piensan. Y las apuestas se dividen. El Gato desafiante espera. El ratón espera: todo es uno.

>>Con el alma en vilo rompe a correr el ratón. Corre. Pone toda su astucia, toda su agilidad en este intento definitivo, y el Gato siente que se le está yendo, que se le va a ir, y salta desde lejos y se interpone en su camino, el ratón huye por debajo de sus patas traseras, el Gato gira sobre sí mismo y otra vez lo atrapa a la entrada de su agujero<<.

Los gatos del tejado suspiran: el honor de la raza se ha salvado una vez más. Los demás a la porra.

>>Ahora todo vuelve a ser borroso como al comienzo: la cocina, la pared y las sillas del comedor. Nuevamente todo parece estar rodeado de un halo de irrealidad –recalca el gato narrador-. Todo vuelve a temblar ante la vista del ratón, que ahora tiene una esperanza: la esperanza de que nada sea cierto. Entonces piensa sonriendo: Fui tan ingenuo al no sospecharlo. Cerraré los ojos y al abrirlos me reiré como nunca de esta farsa.

>>Sin embargo, el crujido de sus huesos dice todo lo contrario, y una estrella de sangre estalla en la punta de su hocico. Justo cuando va a ser devorado, en efecto, despierta el ratón de la pesadilla.

>>Ha sido un alivio volver a la luz de la mañana. Sus costillas están intactas, pero el cuerpo luce más pesado que de costumbre, y conjetura que es producto de una mala digestión.

>>Con sigilo avanza por el vestíbulo de la casa y advierte que no hay peligro alguno de que siga adelante. Entonces busca su reflejo en un tazón de leche y descubre unos colmillos filosos, unos bellos ojos verdes, unos bigotes, y maúlla.

>> El ratón era yo –concluye el gato. Destapa la botellita y vuelve a beber-: Desde entonces soy vegetariano<<.

Los gatos del tejado dicen que sí con la cabeza, pero creyendo en el fondo que a su amigo le falta un tornillo. Con todo, se marchan a un rincón del tejado, buscan un cristal donde mirarse y maúllan con fuerza… para salir de dudas.

Fuente: Tribuna Latina

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