El exceso de luz artificial desorienta a las aves y acelera la extinción de anfibios

Madrid

Categoría avesEn el congreso internacional celebrado en La Palma sobre contaminación lumínica se ha denunciado que el exceso de luz en las ciudades afecta a la reproducción de anfibios, altera las rutas migratorias de las aves, aumenta la mortalidad de especies como las tortugas marinas y provoca trastornos de sueño en los humanos.

La luz influye en la producción de melatonina, una hormona que aumenta en los anfibios con la oscuridad, por lo que cuando sapos, salamandras o diversas especies de ranas sometidas a procesos de luz continuada disminuyen la producción de esta hormona, su crecimiento, metabolismo y su capacidad reproductiva se ven alterados, lo que puede constituir un factor más de extinción, exponen los científicos.

Sin poder ver la Luna

En esta misma línea, las crías de tortugas marinas se desorientan al salir del huevo por el exceso de iluminación en las playas, ya que la salida del cascarón coincide con la fase de Luna llena, que se refleja en la superficie del mar y les ayuda a saber a donde dirigirse, pero con las farolas encendidas las tortugas se dirigen a la luz y mueren por deshidratación, informa Ep.

Otro ejemplo de impactos son las aves migratorias que se desorientan, ya que su navegación se guía por la luz de las estrellas, y las luces en el litoral y los flashes luminosos las despistan y confunden. Cada año mueren en Norteamérica 100 millones de aves por colisión producida por desorientación por deslumbramiento. Asimismo, las aves marinas sufren las iluminaciones de las plataformas petrolíferas que provocan su muerte por colisiones y agotamiento. «Los choques y colisiones causan más mortalidad que los vertidos de petróleo», explican.

El ser humano es otro de los sufridores de este exceso de luz artificial, bien por alteraciones en su calidad de vida por trastornos en el sueño, bien por la incapacidad de disfrutar de un patrimonio como son las estrellas. El 99 por ciento de la población de Estados Unidos y Europa vive con niveles de luz artificial superiores a los saludables.

Fuente: La Razón

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