Amores compartidos

Categoría perrosEl Psiquiátrico Penitenciario pone en marcha un programa de terapia con cuatro perros dirigido a pacientes con problemas de afectividad o adaptación.

Cuatro cachorros de perro son desde hace cinco meses el centro de atención de los cerca de 400 pacientes del Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Fontcalent. El centro, en colaboración con la Fundación Affinity , desarrolla un programa de terapia asistida con animales dirigido a internos con necesidades afectivas o problemas de adaptación e integración. INFORMACION compartió una salida terapéutica con quince pacientes y con las nuevas mascotas que, sin duda, suponen una fuente de salud para estos enfermos y pueden reducir tendencias suicidas.

«Luna», «Sol», «Venus» y «Pluto» encabezan la salida terapéutica semanal de un grupo de pacientes del Psiquiátrico Penitenciario y las ansias que muestran estas dos parejas de canes de las razas Golden Retriever y Labrador nada más abrirse las puertas del centro parecen demostrar que tienen más ansias de disfrutar del paseo de cuatro horas lejos de las rejas que los propios internos. Antes de emprender la ruta hacia la sierra de Fontcalent un café rápido levanta el ánimo de los pacientes y de inmediato comienzan a caminar con total libertad, sin que se sienten coartados por los dos educadores, dos maestros y el jurista que les acompañan. Siempre se ha producido alguna fuga – dos recientemente -, pero el porcentaje es mínimo y es el riesgo que hay que pagar por tratar de preparar a los pacientes antes de su regreso a la vida diaria fuera del centro penitenciario. El pasado año fueron casi seis mil salidas repartidas entre 240 de los 380 pacientes y las fugas, que normalmente duran sólo unos días, no llegaron al uno por ciento.

Desde que en junio de 1985 se hiciera la primera salida terapéutica, Javier, uno de los educadores que impulsó esta terapia hace ya casi 22 años, recuerda que son múltiples las experiencias vividas, pero reconoce que la llegada de los perros al centro ha sido una revolución y los ha convertido «en el principal centro de atención de la vida diaria de los pacientes». Su función es importante y «parece que se han convertido en las mascotas de todos», precisa Javier mientras escucha atentamente uno de los internos.

La tutela y el control de los perros recaen en cuatro pacientes, aunque hay otros que se suman a los cuidados diarios de los animales y a vigilar que el resto de pacientes no les den comida, que es lo que suele ocurrir. «Están necesitados de cariño», afirma Blas José, encargado de «Sol» y «Luna» y quien reconoce que ellos también precisan de esa afectividad que les puede ofrecer un animal que no prejuzga lo que hayan podido cometer cada uno los 380 internos del Psiquiátrico. Este joven almeriense de 29 años padece un trastorno bipolar y está orgulloso de su nueva tarea en el centro. Durante la parada bajo unos árboles para reponer fuerzas con un bocadillo y un zumo, Blas explica que «a mi me encantan los animales y a los demás les hacen grandes beneficios porque los enfermos se sienten acogidos». Enfermos o no, todos saben perfectamente cuándo podrán salir, en teoría, del Psiquiátrico. Blas espera poder salir antes de los 4 años y 9 meses de internamiento que le quedan de cumplir por orden judicial por un altercado que tuvo con la Guardia Civil después de conducir su camión 160 kilómetros perseguido por varios coches patrulla. «Yo pensaba que era José y todos me buscaban una Virgen para tener un nuevo Jesucristo», explica el joven antes de apostillar que «todo fue por culpa de las drogas y ahora creo que estoy bien».

Juan Antonio es otro de los cuidadores, aunque parece que le ha tocado el cachorro más problemático – «Pluto» – porque «es el más miedoso». Juan Antonio lleva casi siete años internado en el Psiquiátrico y desde que llegaron los perros se siente «más alegre y entretenido» y dice que «tengo algo en que pensar positivo».

Aunque los perros se relacionan con todos los internos, Vicente Alejo, otro de los cuidadores, asegura que saben perfectamente quiénes son los jefes que a diario les ponen la comida, cambian el agua y limpian las jaulas instaladas en los patios de los módulos. Este albaceteño con esquizofrenia paranoide lleva cuatro años en Fontcalent, donde tiene que estar hasta 2022. «Parecen muchos años, pero el tiempo pasa según lo mires», afirma mientras muestra orgulloso su particular diario personal. La llegada de los canes también le ha beneficiado. «Estoy más contento; eso de los perros funciona…, hay que hablar con ellos, darles cariño y reprimirles sin hacen algo mal», sentencia Vicente. Los cuidadores coinciden en señalar antes de terminar el paseo que «te tienen que gustar los animales porque dan mucho trabajo y te cansas», de ahí que alguno se haya apuntado al programa y tras dejarlo por cansancio haya vuelto de nuevo a la terapia. La salida está a punto de concluir y perros y pacientes caminan cada uno hacia su punto de reclusión particular, sin saber probablemente los internos los beneficios reales que conllevará para su estado de salud mental el compartir su amor con las nuevas mascotas del Psiquiátrico.

Fuente: Diario Información

No comments yet.

Deja un comentario