«Mis perros son la mejor compañía»

Vitoria

Ningún lugar es para Marcos tan especial como para atarle durante toda una vida. Pero con Vitoria es diferente, porque cada invierno desde 1995 se cobija en el paso del Duende, lugar donde se refugia cada tarde del frío de la capital alavesa. Junto a él y siempre vigilantes, dos perros, Libre y Luna, le acompañan allá donde va. «Tienen cinco y dos años y son los mejores compañeros que uno puede tener en esta vida», asegura.

Los dos canes se resguardan del frío bajo una manta, cuando su amo decide sentarse un rato y ver a la gente caminar. Muchos ya le conocen y, cuando pasan a su lado, le saludan y cruzan unas palabras con él. «Son buenas personas que me han visto tocar la flauta y la guitarra», afirma.

Estos instrumentos son el medio de subsistencia de este siciliano de 45 años que ya es un todo veterano en el mundo de la calle. Lleva tanto tiempo viviendo de allá para acá, que casi no recuerda el motivo por el que abandonó una vida estable. Sólo menciona que no tiene familia y que le gusta conocer mundo. «Ya son 28 años los que llevo viviendo así, y estoy algo cansado», reconoce.

Estos días, Marcos no obsequiará a los paseantes con las habituales melodías de su guitarra y su flauta. Es Navidad y, como cualquier otro ciudadano, él también adorna los pocos metros cuadrados que ocupan sus perros y sus pertenencias. «Con los muñecos que he comprado, he creado un belén para los niños y, el día 24, los repartí entre los chavales», explica. Las ganancias del año también le han permitido darse un lujo especial. De la pared, cuelga un jamón. Un regalo con el que Marcos celebrará esta época navideña junto a Libre y Luna.

Viaje por Europa

¿Y cuándo pase la Navidad? «Me marcharé a Europa». Marcos es un trotamundos y ha visitado muchas ciudades del Viejo Continente. Lo que tiene muy claro es que no va a volver a Sicilia. Tan sólo el hecho de mencionarlo entristece su rostro. Le trae malos recuerdos. «Sólo es mi tierra, donde nací y nada más». Pero en el fondo de sus ojos se puede ver que carga desde hace años con un gran sufrimiento. Finalmente, cede y cuenta el motivo de tanta desazón. «Hace 16 años, mi mujer y mi hijo perdieron la vida en un accidente de coche», acepta relatar. Pero enseguida cambia de tema y recuerda lo bien que se lo pasa cada verano recorriendo las fiestas del País Vasco. «Las mejores son los ‘sanfermines’», asegura, al tiempo que muestra los pañuelos rojos que llevan Libre y Luna en el cuello.

A pesar de vivir en la calle, las cosas no le van mal y lo demuestra el cesto colocado frente al Belén, repleto de monedas. Cada vez que alguien lanza una, Marcos le sonríe y le da las gracias. «Dicen que la Navidad abre los corazones de la gente, pero no he notado ninguna diferencia. Últimamente las personas sólo se guían por el dinero», comenta.

A principios de enero, Marcos abandonará la ciudad. Se marchará hacia Holanda, o quizás a Suiza. Sea cual sea el lugar que visite, Vitoria siempre será una parada en su viaje a ninguna parte.

Fuente: El Correo Digital

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